Relato: El cupido de la promesa eterna
On February 26, 2015 | 8 Comments
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Cupido

El cupido de la promesa eterna

Haiayel suspiró, sus hombros caídos denotando el lamento que sentía en su corazón. De nuevo había llegado a sus manos ese sobre.

–Haiayel… –murmuró, conteniendo la pena, Eros–. No deberías lastimarte de esa manera. Se supone que, junto a tus hermanos cupidos, llevas el amor.

Éste lo miró, una mirada que lo congeló de pavor al captar en sus ojos la verdadera desesperación. No había ira, resentimiento, rabia… Tan sólo resignación y un amor tan profundo que incluso al Dios del amor le era difícil no hacer algo por cumplir el sueño de un cupido tan entregado como era Haiayel.

Su cuerpo infantil se transformó, a ojos de Eros, en un joven de largos cabellos rubios y unas alas que casi le rozaban el suelo, blancas y esponjosas. Una túnica dorada ocultaba su cuerpo dotado con la vitalidad y virilidad normales de un ángel.

De nuevo otro lamento hizo que Eros posara su mano en el hombro tratando de fortalecer el espíritu que mermaba a cada minuto. No podía verlo así.

–Haiayel, ¿y si…?

–No. –Una negación. Una sola palabra que lo separaba más de aquello por lo que su corazón lloraba.

–Me duele verte así, hermano. Llevas el amor a cualquier pareja y, en cambio, tú sufres por él. No puedes pedirme que me esté quieto y cruzado de brazos sin más, Haiayel. Por favor.

–No, Eros… –Una pausa, casi una duda que lo traspasó en su mente–. Está bien así.

Eros apretó los labios. No podía decir mucho más ante la decisión que había tomado. Él, que llevaba tantos años a su lado, trabajando como el que más en su labor por extender el amor a otros. Pero eso no hacía más que consumirle lentamente.

–¿Hay algo que pueda hacer por ti? –se compadeció. Haiayel sonrió tristemente. No le hicieron falta palabras para cabecear dándole el permiso que necesitaba.

***

Julie levantó el rostro al cielo dejando que los rayos del sol la iluminaran y sonrió por ello. Era una delicia poder disfrutar de ese astro de nuevo tras varios días sin verlo.

–Te echaba de menos, Helios –musitó topándose con su mano a modo de visera y haciendo referencia al dios del sol al hablarle a éste.

Agachó la mirada y contempló su entorno. Llevaba años viviendo en esa ciudad y seguía sorprendiéndola como el primer día. Había llegado allí con apenas tres años de edad y su misterio, encanto y la simpatía de los que allí vivían la habían ganado. Por eso ahora era “su” hogar. Se apartó un mechón rebelde de la cara y sopló hacia arriba cuando éste volvió a cubrirle el ojo. Tendría que pensarse lo de cerrar antes e ir a la peluquería.

Se dio la vuelta observándose en la cristalera de su local. No era demasiado alta y su figura le encantaba pues conservaba las formas femeninas. Tenía el pelo lacio de color castaño oscuro que le llegaba a los hombros con un escalado por delante. Esa mañana se lo había recogido un poco con un pasador en la nuca pero el cabello más corto quedaba suelto. Vestida con un polar azul marino y unos pantalones de pana marrones, combatía el frío que hacía en esa época de febrero, justo el catorce, el día de los enamorados.

Sonrió ante su escaparate al fijarse, ya no en ella, sino en la decoración que había urdido para su tienda. Había sabido combinar los peluches de San Valentín con una gran selección de los mejores libros que tenía en su librería que, desde hacía un par de años, le había hecho en poco tiempo, ganarse la confianza de asiduos lectores quienes iban para ver las novedades que tenía. Los colores predominantes eran el rojo y el blanco, jugando con las portadas.

Había sabido crear una bonita escena conde había ositos que se afanaban por levantar libros, o arrastrarlos, algunos corazones que albergaban otros títulos y muchas más situaciones que divertían a todas las edades.

–Buenos días, Julie –saludó una voz detrás de ella.

Captó a la persona a través del cristal y se volvió con una sonrisa.

–Buenos días, Mathew, ¿qué tal te encuentras hoy?

–Mejor, mejor. Ya casi estoy repuesto.

–Me parece genial –comentó realmente alegre por ello. Era uno de sus clientes más habituales y, a pesar de ser mayor, no cesaba de leer cada libro que le llamaba la atención.

–¿Soy el primero?

La risita de Julie no se hizo esperar ampliando su gesto de felicidad y endulzando con ello su rostro.

–Sip.

El anciano mostró los dientes que le quedaban y sacó de su espalda una rosa roja. Parecía brillar con el rocío de la mañana aún impreso en sus pétalos.

–Feliz San Valentín –le dijo.

Julie se aproximó a él y le dio un cálido beso y un repentino abrazo mientras atrapaba la rosa.

–Muchas gracias –agradeció ella.

–No hay de qué. A ver con cuántas te juntas este año.

Rió abiertamente. Era ya casi una tradición. En esa época, en el día de los enamorados, muchos se acercaban a su tienda para ofrecerle un presente, normalmente una rosa.

–Ya te contaré. ¿Te gustaría ver las novedades?

–¡Claro!

Julie se acercó a la puerta dándole paso al cliente antes de introducirse ella misma en el lugar.

***

Haiayel posó sus pies en el firme y su rostro se contrajo en una mueca entre feliz y triste. No se decantaba por un único sentimiento, preso de una lucha interna. Se quedó esperando, contemplando el ir y venir a un pequeño negocio en el que tenía puestas sus miras.

De vez en cuando su corazón se alteraba al ver la silueta femenina que había en el interior. Seguía siendo igual de hermosa, su brillo tan especial, tan claro, que rivalizaba con el mismo aura de los ángeles. Y, sin embargo, era mortal. Llevaba años observándola; viéndola crecer, no sólo físicamente sino también en inteligencia, belleza, humildad… La había seguido a todos los lugares por donde ella pasaba… Hasta ese fatídico día en que tuvo que lanzar su flecha. Hasta ese momento… A menudo se culpaba a sí mismo por esa elección pero, en el fondo, sabía que había hecho lo correcto.

Bajó su mirada hacia la flor azul que tenía aferrada a su mano. Una rosa azul que tenía dueña, como cada San Valentín.

Miró al horizonte y suspiró. Sus horas ya acababan y debía partir cuanto antes.

Divisó a un chiquillo que iba en busca de la pelota con la que, junto a otros, jugaban en la plaza.

–Perdona –se disculpó llamándole la atención.

–¿Sí, Señor? –inquirió el muchacho al ver al hombre que se le acercaba.

–¿Te importaría entregar esto a la dueña de la librería?

–¿A Julie?

Haiayel sonrió ante la pronunciación del nombre de la persona más especial para él. Sólo asintió.

–Claro, Señor, ahora mismo. –Extendió el brazo para cogerle la flor y salió corriendo hacia la tienda en el instante en que, por la puerta, salía el objeto de su deseo… junto a un hombre cargado con rosas y regalos. Ambos iban riendo pero enmudecieron al ver acercarse al pequeño.

Tras mantener una conversación, la rosa pasó de manos y el joven echó a correr hacia sus amigos. No pudo evitar esbozar un poco de alegría al ver cómo ella se la llevaba a su rostro para apreciar la fragancia y besar uno de sus pétalos, quizás el que él había rozado con sus labios antes.

Su semblante se transformó en pesar y dio la vuelta. Era todo lo más que podía hacer. Si las cosas fueran diferentes…

***

–¿Otra? –preguntó el acompañante.

–Otra… –suspiró ella mirando con ardor esa nueva rosa, la única que, ese día, esperaba con ilusión.

–No sé yo cuántas más vas a guardar. Ni siquiera sé cómo se mantienen intactas a pesar de los años.

–¿Magia?

–Ya… Muy graciosa. En serio, Julie,…

–Otra vez no ha venido él –murmuró un poco triste.

–Lo sé. La verdad es que, cuando me la entregó a mí, no me pareció demasiado feo. Así que eso no debe ser. Y que conste que no me gustan los tíos –añadió al final como una aclaración.

–Ya lo sé, me lo has contado varias veces. Eres el único tío que me ha dado la flor, los demás siempre fueron niños.

–Recuerda que ese año estaba lloviendo.

–Pero no entiendo por qué no se acerca él. Estas rosas son muy bonitas, me gustaría conocer quién es el que me las regala cada San Valentín. Es como si fueran una promesa.

–¿Quizá tu enamorado? –azuzó él.

Julie le propinó una colleja haciendo que se apartada.

–Nick, que llevamos siendo amigos mucho tiempo, no lo tomes a risa.

Él dejó de reír y miró compasivamente a su amiga. Esa rosa los había unido un día de San Valentín en que ambos habían sentido algo extraño pero no habían pasado más que de una relación de amistad. Sin embargo, las rosas habían estado ahí siempre y, tanto Julie como él mismo querían conocer al autor porque los dos sabían que era la otra mitad que le faltaba a Julie: su enamorado.

Fin.

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Comments8
Desiree Posted February 27, 2015 at3:24 am   Reply

Pero…PEROO..pero…si siento q no es el fin. Pobre de Hayaiel 🙁

Cmo te fue en el RA??

Saludos 😀

Encarni Arcoya Posted February 27, 2015 at4:55 pm   Reply

Jejeje, imagina cómo me quedé yo cuando Haiayel me susurró ese relato… Me dieron ganas de llorar porque todo es una equivocación… Pero bueno, después de los comentarios, tendré que plantearme como novela esto jajaja

En el RA bastante bien, conocí a gente, me reencontré con otras y bueno, espero repetir de nuevo el 6-7 de marzo que es un encuentro en mi ciudad así que… ¡¡Quién venga allí estaré!! <3

Desiree Posted February 28, 2015 at4:51 am   Reply

Haiayel se quedo dormido y por eso no termino de susurrarte el relato…ya veras q ya mismo se despierta y lo termina 😉 jajaja

A pues que bien!!

Sabes que compre tu libro Amar por Partida Doble…empece a leerlo y estoy enganchada con esos dos protectores…lo malo es que por ahora no podre continuar leyendola pq tengo presentasiones y trabajo q preparar, pero tan pronto la termine te dajere saber. 😉

Saludos

Encarni Arcoya Posted March 10, 2015 at5:58 pm   Reply

Espero que Amar por partida doble te esté gustando.

Haiayel es muy… Se quedó callado dejándome un sabor amargo y triste pero espero que me susurre más adelante.

Besos!

Maribel Díaz Posted February 27, 2015 at5:59 pm   Reply

Es muy bueno. Estiy encantada con la historia. Es triste y romántico. Debes escribir un libro. Suerte.

Encarni Arcoya Posted February 27, 2015 at9:08 pm   Reply

Gracias por comentar, Maribel!! 😀

elena Posted March 12, 2015 at12:08 am   Reply

Encarni, muy bueno por favor continua la historia,,, Haiayel y Julie merecen su final feliz

Encarni Arcoya Posted March 12, 2015 at12:50 pm   Reply

Muchas gracias, Elena. A ver si Haiayel me susurra más de esa historia. O Julie

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