Hot Yoga – Encarni Arcoya – Epílogo
On Septiembre 24, 2014 | 0 Comments
Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedintumblrmail

Hotyoga

Hot Yoga – Encarni Arcoya – Epílogo

Estaba sentada con las piernas cruzadas en el jardín. El sol incidía sobre sus hombros calentando su cuerpo, ya de por sí ardiendo por tener a Esteban a su lado, de rodillas, con las manos sobre la cintura de ella.

  • Despacio, no te fuerces. – Susurró moviéndole la cintura lentamente trazando círculos sobre sí misma, cada vez más inclinados. – Dime si te duele.
  • Por ahora no. – Contestó ella. Se centró en el movimiento y la respiración, como siempre hacía cada vez que practicaban yoga en el jardín. Debía abstraerse de ser Esteban quien estaba tocándola, amoldando su cuerpo a las peticiones que las manos hacían de ella.
  • La respiración Are… – Le recordó.
  • Estoy en ello. – Replicó con un mohín.
  • Está demasiado acelerada. Bájala.
  • No es fácil si me tocas. – Gruñó sabiendo de quién era la culpa. Esteban rió y apartó las manos dejando que fuera ella quien continuara con los movimientos al mismo ritmo que él había estado marcando, solo como un espectador ahora. – Ah! – Exclamó deteniéndose de repente. Esteban estuvo a su lado en segundos.
  • ¿Qué pasa? ¿Te ha dolido? – Are negó con la cabeza sonriendo.
  • Me ha dado una patada. – Contestó llevando la mano de él sobre el lugar donde había sentido la patada. Un nuevo golpe y la cara de satisfacción de su marido le dijo que él también lo había palpado. – No le gusta perder el contacto con su papá.
  • Ya lo veo. No da más patadas. Y eso que estabas haciéndolo bien.
  • ¿Y yo, papi? – Los dos se giraron para ver a un niño pequeño de cabello rizado, rubio, intentando moverse de modo circular como su madre, en una inclinación y velocidad demasiado elevada como para ser cómodo. – ¿Lo hago bien? – Esteban acudió a su lado parándolo antes de hacerse daño.
  • Lo haces bien, pero no tan rápido, ¿vale? Y no tienes que inclinarte tanto.
  • Pero con las otras posturas sí hay que hacerlo, ¿cuál es la diferencia?
  • El centro de gravedad, cariño. – Respondió Are intentando levantarse del suelo. Esteban le agarró el brazo ayudándola a ponerse en pie y le ofreció la mano a su hijo.

Llevaban cinco años casados, una vida plena para ambos, colmada por el nacimiento de su primer hijo un año después, y de ese pequeño en el vientre de Are. ¿Podían pedir más? Seguramente, pero el felices para siempre les parecía más que suficiente.

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedintumblrmail

Leave a reply