Hot Yoga – Encarni Arcoya – Capítulo 7
On Enero 11, 2014 | 0 Comments
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Hot Yoga – Encarni Arcoya – Capítulo 7

Are miró a su espalda, donde todavía sentía las manos de otra persona, para encontrarse con Esteban. Abrió la boca sin encontrar su voz; cerró y volvió a abrir pero tampoco así logró pronunciar una palabra. Se sentía como una tonta por no ser capaz de decir nada ante ese engaño. Esteban le había vendado los ojos, besado y tocado… ¿O había sido Willy?

Se maldecía a sí misma por no saber quién de los dos, por excitarse incluso en esos momentos que tenía a su alrededor dos hombres de infarto esperando por su reacción.

  • ¿Quién de los dos? ¿Quién…

  • ¿De verdad te importa, Are? Estabas disfrutando con nuestras caricias.

  • Esteban, ¿quién fue? ¿Quién me tocó? ¿Quién me… – Se quedó a medias sintiéndose cohibida por la presencia de Willy en la habitación, un Willy completamente desnudo al que le había hecho una felación.

Con el rubor amenazando con cubrir todo su cuerpo con una rojez miró de reojo a Willy sentado en la cama con las piernas cruzadas, su pene ahora semiduro. Tenía una media sonrisa en su rostro, como si le pareciera divertido haberla engañado.

  • Are, está bien. No es que me guste mucho compartirte pero no me importa si es con Willy, y si tú quieres.

  • Antes te dije que no quería. – Protestó ella.

  • Y mentías. Are, quiero hacerte feliz, ¿qué te retiene?

  • Esto… Esto no es normal. Un hombre no puede dejar que otro la penetre, no…

  • Are, ¿me amas? – Preguntó Willy llamando la atención de ella. – ¿Me quieres como a Esteban?

  • No. – Contestó agachando la cabeza. – Lo siento.

  • ¿Por qué? Me pareces una mujer estupenda pero sé que tu favorito es Esteban. Eso no quita que, si todos estamos de acuerdo, podamos divertirnos juntos, ¿no?

Bien pensado, el razonamiento de Willy tenía sentido.

  • Are, no te vamos a juzgar por hacerlo con nosotros. Esto no va a salir de aquí, ni Willy ni yo diremos nada. – Esteban acarició su rostro. – Déjame colmarte de todos tus deseos, – se humedeció los labios antes de besarla – tus fantasías, -susurró para crear otro beso entre ellos – tus órdenes – un nuevo beso, esta vez más profundo, empujándola hacia la cama, a tumbarse boca arriba.

Todavía con Esteban besándola, unos nuevos labios se instalaron en sus pechos, tensándola por un momento.

  • ¿Sabes el poder que tienes con nosotros Are? Me muero de envidia cuando tocas a Esteban y solo quiero captar tu atención. – Rodeó con una mano el pecho apretando con dulzura antes de sacar la lengua y crear círculos a través del pezón sin cerrar la boca, sintiendo el aliento en contraste con el frío. – ¿Lo consigo?

Are gimió en la boca de Esteban ante el placer recibido por Willy. Su mano se aferró al pelo de él, seguramente con dolor, pero éste no hizo amago de apartarla, gruñendo a cambio por el contraste entre placer y dolor.

  • ¿Nos quieres Are? – Le preguntó.

Esteban estaba deslizando su mano por el vientre hasta introducirla en sus pliegues y rozar levemente el clítoris. Ella jadeó e intentó escapar pero tanto uno como otro la fijaban en el lugar. Ambos seguían dedicados a sus placeres mientras los gemidos de Are se escuchaban en la habitación.

  • Yo…

  • ¿Nos quieres? – Repitió Esteban.

  • Para… Por favor… – Suplicó ella.

Los dos se detuvieron de inmediato incorporándose. La miraban asustados mientras ella intentaba respirar con normalidad.

  • Lo siento, no pensé… – Se disculpó Willy alejándose de ellos. Are le agarró del brazo.

  • No… No podía responder si los dos estabais tocándome. Era demasiado, no encontraba la voz. – Explicó. – Quiero… quiero estar con los dos, seguir sintiendo todo esto. – Miró con aprehensión a Esteban, segura de su censura, pero la sonrisa, ¡una sonrisa!, acabó desarmándola.

  • Dios, Are, eso ha sido cruel. – Protestó Willy acercándose a ella, besándola con salvajismo.

  • Lo… – beso – sien… – beso – to… – beso.

Pudo oír a Esteban riéndose antes de moverse para situarse entre sus piernas. Abrió los muslos de Are dejándola abierta para su inspección acariciándole su centro para empaparse de sus jugos. Con dos de sus dedos extendió los pliegues hasta ser visible su pequeño botón enrojecido y duro ansioso por las atenciones.

Are jadeó ante el frescor en esa parte. Willy aprovechó para descender con su lengua por el cuello de manera zigzagueante hasta el final de su cuello donde siguió el camino besando con reverencia su piel hasta el centro de sus senos, indeterminado a besar un lado u otro.

  • ¿Seguimos Are? – Le preguntó Esteban. – ¿O quieres que uno de nosotros se vaya? – Los dos pararon en sus atenciones.

  • Te… od… – Esteban introdujo uno de los dedos dentro de su centro tocándole el clítoris a un ritmo constante, como si golpeara rítmicamente. Al mismo tiempo las dos manos de Willy se cerraron en torno a sus pechos empujándolos para cerrarlos, sus pezones atacados a la vez por una caliente boca. – quiero… – Articuló antes de arquearse levantando la espalda del colchón.

Su sexo palpitaba, se había convertido en un segundo corazón latiendo acelerado, desesperado por recibir algo a lo que abrazar con sus músculos y calmar las ansias. Ambos se rieron, dos risas graves y divertidas, a su costa, pero lo bastante excitantes para hacerla desear más de esas caricias.

Ya necesitaba llegar, su cuerpo temblaba por una liberación como nunca antes había experimentado. Levantó la vista para ver cómo los dos se acariciaban a sí mismos, sus vergas ya rosadas, las puntas oscuras con humedad en el mismo estado que ella. Se quedó fascinada viendo semejantes instrumentos, más teniendo en cuenta la poca experiencia “cultural” para con otros hombres. De hecho, si contaba, solo la de Martin, esos hombres que estaban con él, Esteban y Willy podían formar parte de su sexualidad. Quizás, con descripciones, podía rellenar una hoja.

  • Uhm… Creo que Are quiere jugar un poco con nosotros. – Comentó Willy fijándose en la mirada de ella. – En cualquier momento es capaz de lanzarse.

Are enrojeció recuperando algo de cordura para apartar la mirada.

  • ¿Qué dices, Are? – Sugirió Esteban. – ¿Te gustaría que uno de nosotros te penetrara mientras otro se divierte?

  • ¿Qué estás pensando Esteban? – Inquirió Willy.

  • ¿Qué dices Are? – Insistió sin responderle a Willy.

  • Si… Dios, quiero sentiros a los dos… – Respondió, la voz con signos de su deseo. Esteban esbozó una sonrisa traviesa.

  • Ponte como estabas antes. – La instruyó dejándole espacio para moverse.

Como pudo, se colocó de rodillas y manos sobre el colchón. A su espalda seguía Esteban pero delante volvía a tener a Willy, su pene aún rodeado por la mano, ésta subiendo y bajando con lentitud. Notó el cuerpo de Esteban cubrir el suyo sin dejarle sentir todo su peso encima.

  • Ocúpate de él Are, y yo me ocuparé de ti. – Susurró tan cerca suyo que se estremeció por el poder de esa voz. La mano de él le acarició el mentón. – Abre, déjame ver cómo desaparece Willy junior dentro de tu boca.

  • ¿Willy junior? ¿Ahora nombras a mis propiedades también? – Protestó él medio riendo pero acercándose a Are para tener ésta un mejor acceso. Are se echó a reír, su risa pronto acallada cuando percibió el calor de ese miembro de nuevo vuelto a la vida, caliente y duro como una piedra, tan cerca de ella que podía llegar a ver el pulso de sus venas.

Se relamió los labios antes de restar el espacio que la separaba y probar con sus labios la temperatura del pene de Willy, éste aguantando la respiración ante ese toque tan suave y atormentador a la vez. Abrió la boca poco a poco, dejando que fuera la lanza de él quien, con su intrusión, la obligara a extender sus labios alrededor de él para albergarlo en su interior. Cerró los ojos dejándose llevar por la sensación de tener algo así en su boca, por querer hacerle disfrutar tanto como ella estaba haciéndolo. Fue entonces cuando notó cómo los dedos de Esteban entraban en su canal, tan lentos como ella introducía el pene de Willy en su boca.

Protestó con sonidos ante la lentitud queriendo moverse para decirle que fuera más rápido pero él la calmó manteniendo una de sus manos sobre la espalda.

  • Tú marcas el ritmo Are. Si vas lenta, yo iré lento. – Le explicó él deteniendo sus dedos como ella había hecho con el pene de Willy.

  • ¿Y no crees que eso es una tortura para dos, no solo para Are? – Puntualizó Willy. – ¡Dios! – Exclamó cuando ella introdujo todo su miembro en la boca y empezó a lamerlo con ímpetu entrando y saliendo su verga. – Are, preciosa, así no duraré ni treinta segundos. – Paró con la mano la cabeza de Are sacando un poco de su pene para recuperar el control antes de explotar. – Y tú ya puedes darle su premio, tramposo. Ya decía que tenías algo en mente.

Esteban sonrió satisfecho antes de introducir sus dedos con rapidez sacándolos sin darle tiempo a sentirlos del todo, tentándola con un movimiento tan rápido que el cuerpo de Are no sabía qué expresar. Los notaba, sabía que los dedos entraban, pero cuando su cuerpo trataba de amoldarse a ellos ya no estaban, quedaba vacía para ser llenada de nuevo, en una posición diferente éstos, buscando un nuevo punto donde estimular, dejándolo después. Junto a esos dedos, la lengua y boca de Esteban hacían maravilla a su alrededor, pendientes del clítoris, de los pliegues, los músculos, nada alrededor de su sexo quedaba desamparado de alguna caricia.

Y mientras ella se ocupaba de Willy, su pene forzándola a abrir más la boca, a albergarlo y darle el placer que aún le negaba Esteban en su sexo. Tenía la boca húmeda de su saliva y el líquido preseminal que goteaba dejándole un sabor entre ácido, salado y empalagoso, pero, sobre todo, adictivo. Quería presionar sus labios contra su falo, exprimirlo para sacar más de ese sabor, para lograr probarlo. Protestaba cuando su miembro se retiraba de la boca y gemía de placer al volverse a encontrar con él en la boca.

  • Esteban, no puedo aguantar mucho más. – Siseó Willy. Su amigo levantó la cabeza observando la glotonería de Are y su intenso deseo por él. Gateando por la cama, colocó su pene en el canal, ya más que dispuesto de ella, las manos en su cintura para impedirle ningún movimiento, y la penetró de una sola estocada prorrumpiendo en un grito acallado por el pene de Willy, pero grito al fin y al cabo.

Ahora lo sentía. Ya no eran dedos, era lo que ella más quería, algo que la colmaba por completo dejándola notar la dureza de esa parte del cuerpo de Esteban con solo presionar con sus músculos.

  • Como adoro estar dentro de ti, Are. Tanto como adoro el yoga. – Susurró él sacando su pene para volver a entrar de nuevo. Ella gimió por las sensaciones dejando que se traspasaran por todo su cuerpo, que fuera consciente desde el principio al final de ese hombre.

  • Preciosa, no te olvides de mí. – Recordó Willy empujando un poco más lejos su pene en la boca hasta que algunas de las gotas cayeron por su garganta incendiándola más de lo que estaba. Inconsciente apretó la verga de él queriendo más, necesitando más de ese sabor, aumentando los embistes como notaba los de Esteban en sus bajos.

Willy echó la cabeza hacia atrás frunciendo el ceño controlando su reacción, queriendo prolongarse todo lo posible para disfrutar los tres de lo que ocurría. Captó el movimiento de Esteban hacia los pechos de Are y, cuando las manos se cerraron en ellos, probó en su propio cuerpo el resultado de esa nueva estimulación. Las vibraciones de Are en su pene le hicieron lanzarse hacia delante para controlar la cabeza de ella y empujar con rapidez antes de explotar dentro de la garganta de Are obligándola a tragar casi sin posibilidad de saborear el sabor.

  • Es condenadamente buena. – Elogió sacando su pene de la boca dejándola a ella saborear su sabor sin poder dedicarse mucho tiempo a ello pues Esteban seguía embistiéndola por detrás.

  • No lo sabes bien. – Convino Esteban. – Pero ahora me toca a mí llevarla a ese mundo de colores, ¿verdad Are?

Aumentó el ritmo haciéndole imposible respirar de manera normal, notando cómo se disparaba el calor entre sus piernas, cómo parecía volverse lava su interior y cuando lo atravesaba el pene de Esteban. Gritó arqueándose por el repentino orgasmo mientras él seguía entrando y saliendo de ella, mientras le exigía mantener el orgasmo o era reemplazado por otro mayor.

Sin fuerzas, Are dejó que fuera el colchón quien recogiera parte de su cuerpo. Ya no sabía dónde empezaba y acababa ella, demasiado exhausta para tomar conciencia de algún músculo o hueso de su anatomía.

Esteban salió de ella húmedo por el clímax de ella echándose sobre la cama a su lado.

  • ¿Estás bien Are? – Ella hizo un ruidito con su garganta afirmando. – Perfecto, porque aún no hemos acabado.

¿”Aún no hemos acabado”? ¿Qué quería decir con eso? Ella “había” acabado, o mejor dicho “habían” acabado con ella. No podía ni pensar en mover un solo pelo de su cuerpo por miedo a no saber qué estaba moviendo. Pero no hizo falta mover nada, fue Esteban quien la acogió en sus brazos, quien la encerró en ellos y tiró de ella para ponerla encima de él, su pene aún erecto y seguro doloroso.

  • ¿No te has corrido?

  • Todavía no.

  • ¿Por qué?

  • Porque quiero que disfrutes. Abre las piernas Are, déjame entrar en ti.

Era fácil decirlo pero hacerlo…. Notó las manos de Willy en su trasero, los muslos siendo separados por él y, aunque le resultaba demasiado íntimo, no estaba avergonzada por ello. La levantó lo suficiente para engullir con su cuerpo el pene de Esteban antes de que éste siseara y cerrara los ojos aguantando la respiración. Fue soltándola poco a poco como si le costara un mundo controlarse.

  • ¿Esteban?

  • Estoy bien. Dime, ¿alguna vez has experimentado la penetración doble? – Las cejas de Are se elevaron dándole una visión de incredulidad a su cara. No podía estar hablando en serio, ¿verdad? ¿¡Verdad!?

Como si quisiera rebatir lo que acababa de decir, miró hacia atrás para ver a Willy con un bote en su mano, su mano cubierta de una capa transparente y pringosa que se aplicaba a lo largo de su longitud, de nuevo dura y preparada. ¿De verdad iba a penetrarla en su trasero? ¿Cómo iba meter semejante grosor en un agujero pequeñito? Si, vale, se estiraba, pero no a conciencia, si no ya estaría preparándolo.

  • Tranquila, soy bueno en esto, apenas notarás dolor. – Ese “apenas” era el que ahora mismo estaba preocupándole.

Queriendo calmarla, Esteban inició una suave penetración buscando más que el alivio sexual, distraerla con algo más placentero. Tiró de ella para que se tumbara sobre él dejando todo el movimiento para él, adormeciéndola con ese suave ir y venir. La mano de Willy en su trasero la asustó cuando intentó acariciarla y volvió a tensarse sin remedio. Estaba atenta a cualquiera de sus movimientos pues sabía que, de un momento a otro, él estaría sobre ella, su enorme verga queriendo entrar en un sitio demasiado estrecho y sin uso como para albergarlo. Pero notaba calor, mucha calor alrededor de su trasero, en su canal anal. Los dedos de Willy, la crema, empezaban a calentarla de alguna forma, ansiando una forma de apaciguarlo.

Esteban siguió lentamente con sus movimientos hasta el momento en el cual Are pudo sentir algo más grueso y duro presionar contra su agujero. No entraba, ni siquiera hacia fuerzas para ello, solo dejaba que lo golpeara como si estuviera tentándola a pedir más. El calor desaparecía con ese contacto, como si fuera esa la solución, y ardía en su interior, ya no solo su canal ahora lleno por Esteban, más grueso que cuando empezó, sino también ese pequeño agujero.

Como si hubiera hecho algo, el movimiento de Esteban se detuvo y Willy asentó más cerca de su canal anal su pene presionando suavemente, como si fuera dejando que el cuerpo se adaptara por si solo a la extensión. Are gimió ante la nueva situación apretando sus caderas, con ello el pene aún dentro, de Esteban.

  • Willy date prisa. No aguantaré mucho.

  • ¿Quieres que le duela? Tú te has buscado eso. Aguántate. – Replicó él defendiendo su lentitud y, con ello, el placer de Are.

  • Relájate Are, o conseguirás que me corra aún sin moverme. – Pidió él, sus manos aferrándola sirviéndose de ella como un escudo. Obligó a su cuerpo a calmarse dejando que la intrusión fuera algo natural y no algo para tener miedo.

Willy aprovechó esa distensión para empujar algo más rápido dejando tragarse todo su pene de una sola vez. Calibró la reacción de ella antes de seguir adelante hasta el final, instalado en su trasero. Solo un quejido de sus labios le dijo el poco daño infligido.

  • ¿Te hizo daño? – Preguntó Esteban acariciándole los costados.

  • No. Pero es extraño… – Contestó asustada de si podía moverse y notar algún dolor. – Tengo miedo de moverme.

El cuerpo de Willy se inclinó sobre ella besando la espalda.

  • Tú no tienes que moverte. Esa es tarea nuestra.

Sin darle tiempo a replicar, Willy tiró hacia fuera de su canal para volver a entrar segundos después, dejándola mojada por esa crema pero, de alguna forma, también ella humedecida en el lugar. La sensación era extraña, anormal, pero profunda y deliciosa, una manera diferente de gozar. Había estrechez, ya no por ella, sino más por el otro pene alojado en su vagina.

Escuchó el gruñido de Esteban antes de notar su movimiento retrocediendo para avanzar cuando Esteban se retiraba, nunca forzándola a aceptar a los dos a la vez. Are se mordió el labio inferior gimiendo. En el vientre comenzaba a crearse un remolino de calor amenazándola. Abrió la boca gritando, sus manos arañando a Esteban en un intento por tener algo a lo que agarrarse. Los tres formaban un todo en ese momento, sus sonidos unidos, igual que sus cuerpos.

  • Mierda, me voy a correr otra vez. – Gruñó Willy empujando con más fuerza, las manos apretándole las caderas a Are.

  • Nos haces explotar Are, ¿te das cuenta?

  • Ya… ya… – Gritó dejándose llevar por su culmen mientras los dos se corrían dentro de ella con fuerza, su calor disparándose por entre las piernas, subiendo a su vientre satisfaciéndola en todo el cuerpo.

Cayó sobre el cuerpo de Esteban jadeante e incapaz de moverse más. Fue él quien la acogió ayudándola a salir de su cuerpo, igual que Willy, a su otro lado, y taparla con las sábanas.

****

Estaba protegida por completo por dos cuerpos masculinos y calientes en la cama. Are abrió los ojos y sonrió embobada; había hecho el amor con dos hombres, llenado sus deseos y satisfecho los suyos. Frunció el ceño al escuchar el sonido de un teléfono y miró a Esteban. Dormía profundamente.

Echó un vistazo a Willy, también dormido y se movió con lentitud saliendo de la cama. ¿Le importaría si ella contestaba el teléfono? Quizás fuera algo importante….

Salió de la habitación con la bata de Esteban puesta y llegó al salón. Descolgó el teléfono anunciando que llamaban a la casa de Esteban, no fueran a pensar en una equivocación. Su rostro palideció cuando escuchó la voz al otro lado.

  • Are.

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