Hot Yoga – Encarni Arcoya – Capitulo 6
On December 25, 2013 | 0 Comments
Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedintumblrmail

Hotyoga

Hot Yoga – Encarni Arcoya – Capitulo 6

  • ¿La tienes? – Preguntó Esteban aflojando su agarre de la cintura de Are.

  • La tengo. – Contestó Willy.

  • Yo no… – Sollozó Are muerta de miedo por lo que estaba a punto de ocurrir. Las risas graves de los dos le hicieron estremecerse de deseo pero el miedo ahora era más fuerte para pensar en otra cosa.

  • No pasará nada, estaré aquí para cogerte si te caes hacia cualquier lado.

  • Eso es fácil decirlo cuando tienes los pies en el suelo. – Replicó ella. Se había pasado los últimos minutos intentando encontrar alguna excusa para no intentarlo, pero todas fueron desestimadas y… ¿no se suponía ella valiente? No iba a pasar nada, si caía hacia delante lo haría a los brazos de Willy y si era hacia atrás… Bueno, su trasero se lo estaría recordando unos días.

  • No te soltaré hasta estar firmemente cogida. – Le aseguró Esteban.

  • Prométeme eso. – Replicó ella fijando sus ojos en los de él.

  • Lo prometo. Ahora deja que Willy ponga sus pies en tu vientre. – Sintió el calor de los pies rozarse con su camiseta. Al no tener otra ropa se había vuelto a poner la del día anterior, el mismo conjunto que llevara a la clase de Esteban. – Inclínate hacia delante para dejar caer tu peso sobre él.

  • ¿Y si peso demasiado? – Preguntó temerosa por hacerle daño a Willy, o a ella misma.

  • Cariño, soy capaz de levantar a un hombre, tú eres una pluma comparado con otros. – Contestó Willy presionando un poco más los pies en el vientre de ella. Are tomó aire y lo exhaló poco a poco echándose lentamente hacia delante para calibrar la reacción y el rostro de Willy. Éste sonrió doblando un poco más las rodillas para, en segundos, hacer que sus pies no tocaran el suelo.

  • Oh Dios… – Susurró ella. Las manos de Esteban la agarraron antes de seguir con esos movimientos.

  • Despacio Are. Estás bien, estás cogida. – Por si acaso, las manos de ella se aferraron a las piernas de Willy con fuerza para impedirle moverlas a pesar de las risas de él y la broma al soltarla por un momento de uno de sus pies. – ¡Willy! – Reprendió Esteban.

  • Me voy a caer….

  • No lo harás. Ahora sube las piernas, como si estuvieras en una tabla sostenida solo por tu vientre, levántalos hasta quedar horizontal.

  • Si ni siquiera creo poder levantarlas. – Protestó haciendo un amago por levantarlas. El intento hizo que las piernas de Willy se desestabilizaran y Are chilló.

  • Has de hacerlo más suave, cariño. De lo contrario echas más peso a un solo lado. – Le explicó él. Las manos de Esteban le acariciaron los muslos levantándole las piernas hasta quedar horizontal.

  • Usa el apoyo de tus manos en las piernas de Willy para aguantar. – Dijo soltando lentamente para probar la resistencia de Are para esa postura. – Piensa que es como si volaras, estás sujeta, déjate llevar.

Cerró los ojos pensando en esa libertad efímera. Volar… Fuera las preocupaciones,no tener que pensar en nada. Si, eso estaría bien. Sus labios crearon una sonrisa mientras notaba más liviano su propio cuerpo, ya no le pesaba ni tampoco sentía el apoyo de Willy, como si no existiera. Su mente se perdía lejos dejándola vacía, un espíritu lleno solo de la vida, sintiendo los latidos del corazón, la respiración y los sonidos de la naturaleza.

  • Eso es, Are. – Le susurraron cerca. Abrió los ojos para buscar a Esteban cuando la impresión la hizo temblar. Se cogió más fuerte de las piernas volviendo a quedar horizontal.

  • ¿Qué haces? – Le preguntó alarmada mirando hacia abajo. Estaban estaba delante de ella, pero lo que realmente tenía a la altura de sus ojos no era precisamente su cara sino su entrepierna, y ésta no estaba de reposo, al menos no por la protuberancia que sobresalía de los pantalones. Estaba haciendo el pino pero sus piernas se cernían sobre el cuerpo de ella como si fueran a caer peligrosamente.

  • El acroyoga no es solo para dos personas.

  • Y lo estás haciendo genial, cariño. – Añadió Willy. – Pero aún hay algo para completar la posición.

  • ¿Algo?

  • Tú has de complementarme a mí como Willy hace contigo. Dobla las rodillas e intenta levantar las piernas. Apóyate en mis caderas para poder cambiar el centro de equilibrio de tu cuerpo. – Are lo miró boquiabierta a sus ojos, no a esa “cosa” dura y tentadora que tenía a unos centímetros suyo. Por Dios, era humana, no podía tener eso ahí y no desearlo, y más aún cuando debajo había otro cuerpo igual de caliente.

  • No hablarás en serio, ¿verdad?

  • Muy en serio. – Contestó él. – Se que puedes hacerlo. Anoche hicimos muchas cosas.

  • Si, pero estaba sobre una superficie. – Replicó ella.

  • No tendrás que esforzarte mucho, Esteban está muy cerca de ti, con arquear un poco la espalda podrías tocarlo con las piernas.

Are miró hacia Willy y después a Esteban. Dobló las rodillas hacia arriba y soltó las piernas de Willy para cogerse a las caderas de Esteban.

  • Ahora inclina tu cuerpo hacia el mío y levanta las piernas.

  • Perderé el equilibrio con las piernas de Willy.

  • No, solo le darás menos peso tuyo. Yo sostendré parte de su cuerpo y él aguantará tu postura. – Rechazó él. – Confía en nosotros.

Inclinó el cuerpo hacia delante acercándose más a esa parte caliente de él y levantó un poco las piernas arqueando las caderas. Llegó un momento en que pensó no encontrar nada cuando rozó las piernas de Esteban.

  • Estupendo Are. – Elogió él. Ella miró hacia abajo pero su cabeza rozó su entrepierna y a punto estuvo de perder el equilibrio.

  • Lo siento. – Se disculpó. La risa de Willy bajo ellos los hizo estar más pendientes de seguir en su sitio y no en lo ocurrido. – ¿Cuánto tiempo debemos estar así?

  • ¿Cuánto aguantarás? – Preguntó Willy. ¿Aguantar? Ahora mismo estaba derretida. Si ya desde el comienzo estaba mal entre sus piernas ahora la cosa estaba fea, bien fea. Podía rozar el pene de Esteban con su cabeza y, tal y como estaba, también veía la protuberancia de Willy, igual de inflamada que la otra.

  • ¿Te duele algo Are? – Inquirió Esteban.

  • No, pero es raro… Siento el cuerpo como si en cualquier momento me fuera a venir un gran peso de encima. – Willy volvió a reír.

  • Eso, cariño, es el yoga. Sentir y no sentir el cuerpo, poder arquearte de tal forma que uno pensaría en algo imposible cuando en realidad es solo cuestión del poder de la mente. ¿A que nunca has pensado en algo como esto?

Esto ya era demasiado. Aunque en realidad no hacía tanto esfuerzo como ellos, quienes se sostenía a sí mismos o bien a ella.

  • ¿Quieres intentar algo más? – Propuso Esteban.

  • ¿Algo como qué?

  • Willy. – Llamó él. Dos manos se elevaron hacia ella.

  • Cógelas cariño. Y baja las piernas al mismo sitio de nuevo. – Hizo lo que le dijo y vio a Esteban separarse de ellos retomando su posición normal. Willy tiró de ella hacia abajo haciéndola caer en vertical sobre sus piernas y justo encima de…. Se mordió el labio inferior incapaz de pensar en otra cosa que no fuera eso. Su aliento caía justo encima del pene de Willy, era imposible no darse cuenta de ella.

  • ¿Bien? – Preguntó Esteban aunque no supo a cuál de los dos se lo decía.

  • Bien. – Respondió Willy. En ese momento sus piernas bajaron en horizontal asustando a Are. La mano de Esteban se situó en su trasero parando sus movimientos mientras Willy continuaba bajando las piernas dejando el cuerpo de ella casi paralelo con el de él, la boca encima de su pene. Escuchó el gemido de su boca y no pudo contener la exhalación de la suya sobre los pantalones de él. – Esto en clase no podríamos hacerlo, Esteban. – Murmuró apretando los dientes.

  • Céntrate en la postura. Como Are se caiga te hago responsable.

  • Creéme, si cae encontrará algo duro donde reposar. – La sola mención de esa parte dura, y el hecho de estar sobre ella y ver cómo los propios pantalones se calentaban más y más, su miembro temblando por algo de placer, la hicieron querer descubrirlo. Sus manos se apretaron con las de Willy. – ¿Estás bien? – Afirmó con la cabeza varias veces sin encontrar su voz.

Willy cruzó la mirada con Esteban, éste con el ceño fruncido. Le acarició las nalgas y se agachó hacia ella.

  • ¿Lo quieres Are? ¿Quieres que los dos te poseamos? – ¡Si! Lo quería. Pero no podía ser. Se suponía que solo había estado con Martin y con Esteban; ¿de dónde había sacado esa fantasía de estar con dos hombres?

  • No.

  • Mentirosa. – Esteban la cogió de la cintura levantándola un poco para que pusiera los pies en el suelo. La levantó con cuidado dejando que su cabeza se fuera acostumbrando de nuevo y entonces la besó. Are correspondió el beso, varios pellizcos en su vientre recordándole lo mucho que quería estar con él. Pero Willy… Tenía curiosidad por saber cómo podrían compartir en la cama tal y como hacían en las clases o en el yoga.

  • Yo nunca… – Sintió el cuerpo de Willy detrás presionándose contra su trasero mientras besaba su cuello.

  • Te enseñaremos. – Cortó él.

  • Una vez. – Siseó Esteban. – No me gusta compartir pero se cómo lo deseas. Y no voy a privarte Are.

  • No. – Empujó a los dos alejándose de ellos. – No está bien. Yo no estoy bien con esos pensamientos. – Se dio la vuelta corriendo hacia la puerta.

  • ¿Tú o yo? – Preguntó Willy.

  • Yo. – Contestó echando a correr tras ella.

Tenía que salir de allí. No podía estar volviéndose tan pervertida como para querer a dos hombres a su lado. Ella era una mujer normal, amaba a… Bueno, ya no a Martin, eso estaba claro, pero tampoco quería hacerle sentir a Esteban como si no fuera capaz de satisfacerla en la cama. ¿Qué podía pensar él de esa fantasía? ¿Se había dado cuenta en ese momento o durante las clases? La noche anterior hablaron de estar juntos, ¿y ahora quería estar con Willy?

  • ¿Adónde vas? – Preguntó Willy en la puerta de la habitación.

  • A mi casa. Llamaré a un taxi. Tengo que irme.

Willy acortó la distancia empujando a Are hacia la cama, extendiéndola en ella al tiempo que la inmovilizaba con su cuerpo.

  • No pasa nada por querer a un tercero en la cama.

  • Ya. Yo no te lo perdonaría jamás. – Siseó ella mirándolo retadoramente. – Si metieras a una mujer en la cama cuando estuvieras conmigo te juro que te castraría. – Esteban sonrió.

  • Pero tú quieres probar lo que se siente, ¿no?

  • No, yo quiero ordenar mi vida, saber qué va a pasar ahora y…

  • Y estar conmigo. – Terminó él. – Como yo deseo. – Tomó sus labios sin pedirle permiso, abriéndolos con su lengua para entrar dentro y crear círculos en la boca cosquilleándole por ello. Succionó sus labios depositando un beso después; bajando por su cuello para subir después hasta su lóbulo, mordisqueando el contorno, acariciando con la lengua el interior. – Y quiero dejarte experimentar, una sola vez. Darte ese placer de tener a dos hombres solo para ti. – Are lo miró dolida.

  • No puedo hacerte eso Esteban. No siento nada por Willy es solo atracción y en cambio contigo…

  • Es bueno saber eso. Willy y yo hemos compartido a veces pero con ninguna sentí nada. Y ahora contigo… Pensar en alguien que no sea yo dentro de ti… – Sonrió acariciándole el rostro. – Una vez, no te concederé más.

  • No has de hacerlo. – Le aseguró.

  • Lo sé.

Se estiró un momento hasta llegar al cajón de la mesita y sacar de él una cinta de satén en color negro. Acarició con ella el brazo de Are hasta llegar a su cara.

  • ¿Qué vas a hacer?

  • Experimentar. – Murmuró. – No te pasará nada, solo vas a sentir. – Agregó tapándole los ojos con la cinta.

  • ¿Y Willy?

  • No está. – Contestó sin darle más explicaciones.

Volvió a tomar los labios de ella mientras sus manos viajaban hasta la cintura para subir la camiseta despojándola de la tela. Ahora que había perdido uno de los sentidos ese simple roce le hizo gemir en la boca de él ante lo experimentado. Era como si estuvieran multiplicadas las sensaciones, solo de ese sentido. Llegó hasta la tira del sujetador y metió las manos por debajo para empujarlo fuera de sus pechos descubriéndolos para él.

Bajó de nuevo las manos presionándola para no moverse mientras su boca iba descendiendo por el mentón, el cuello y, salvando las ropa, empezó a besarla entre sus pechos sin dedicarle más atenciones a ninguno de los dos como si aún no se decidiera por cuál empezar. Las manos subieron otra vez hacia los pechos empujándolos a cerrarse enterrando con ello su rostro, mordiendo levemente ambos lados en busca del placer escondido. Sus dedos subieron las montañas que eran sus pechos hasta la cima donde se coronaron en sus pezones rodeando su contorno, haciéndola desesperar por su toque. Gimió arqueándose bajo él para llamarle la atención y éste besó su pecho a cada lado; su índice y pulgar de cada mano pellizcando con sorpresa sus pezones. Jadeó con fuerza ante ese estallido de placer pero Esteban no se quedó ahí; atormentó sus pezones frotándolos con los propios dedos antes de lamerlos con la punta de le lengua, primero uno, después el otro, nunca demasiado tiempo en ninguno de los dos.

  • Esteban… – Suplicó Are. – Por favor…

Sopló en uno de los pezones arrancándole un grito por el contraste entre el frío y el calor desprendido de su cuerpo.

  • Siente, Are, solo te pido eso.

Un nuevo rastro de su aliento le cubrió los pechos antes de sentir la cavidad de su boca apoderarse de su pezón, apretar éste contra sus dientes superiores y la lengua hasta hacerla estremecerse. Frotó con sus labios el pezón y tiró de él un poco para volver a soltarlo y ofrecerle el mismo trato a su otro pecho.

Satisfecho por el color y dureza de sus pechos, Esteban la ayudó a quitarse la camiseta y el sujetador para dejarla desnuda de cintura para arriba. Siguió el camino de su vientre hasta surcar su ombligo y perderse en ese lugar un momento antes de tirar de la cinturilla de los pantalones sin llegar a quitárselos, solo acariciando con la boca esa zona aún cubierta, la última barrera hacia su feminidad.

Se apartó de ella dejándola tendida en la cama removiéndose en un intento por encontrarlo. Sonrió acariciándole uno de los costados y, al arquearse hacia ese lado, acarició el pecho contrario, engañándola, atormentándola. Volvió a subirse a la cama poniéndose al lado de su cabeza, acariciándole los labios sin dejarla atrapar esos dedos traviesos que buscaban su propia diversión.

  • ¿Te pondrías de rodillas Are? – Le preguntó, su voz más grave de lo normal. – Quiero sentir esa boca tuya alrededor mía, encerrando mi pene y aportando el calor que acabe por quemarme.

Las propias palabras ya le hicieron perder el ritmo de su respiración, su corazón inundado por ese momento, apunto de escapársele por la boca. Se incorporó de la cama dándose la vuelta para ponerse a cuatro patas. Sintió el movimiento de la cama, cómo él se despojaba de sus pantalones y camiseta para presentarse ante ella libre de todo. A pesar de no poder ver, la presencia de su falo delante de ella podía percibirla, como si el aire se hiciera más espeso y se desprendiera fuego de ese lugar.

  • Abre la boca, Are. Déjame introducirme en ti como lo haría abajo. – Murmuró acariciándole la mejilla.

Abrió la boca todo lo que pudo hasta sentir el glande del pene de Esteban. Respiró asustada echándose un poco hacia atrás para acercarse después para él. Poco a poco, centímetro a centímetro su boca fue albergando su miembro llenándola por completo, dificultándole el tragar o incluso respirar si seguía entrando más. Se retiró en ese momento para volver a entrar de nuevo hasta el límite remarcado por ella, nunca traspasando el mismo.

Sintió sus manos buscar los pechos, acunarlos en sus manos mientras se deleitaba con los pezones, ya de por si prietos y sensibles. Tenía el pene de él entrando y saliendo de ella, siguiendo un ritmo no demasiado invasivo, dejándola lamerle cuando salía y recolectar el picante semen que anticipaba su explosión.

Noto una lluvia de besos sobre su espalda y gruñó por ello. Ya estaba bastante excitada como para necesitar más. Pero no paraban, seguían descendiendo hacia sus caderas donde dos manos la atraparon con fuerza… Y todavía tenía las manos de Esteban sobre sus pechos.

Sacó el pene de su boca y apartó la cinta mirando hacia atrás.

  • ¿Esteban?

Miró hacia delante donde Willy se encontraba de pie sobre la cama, su pene erecto y húmedo con la saliva de Are.

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedintumblrmail

Leave a reply